Vengo de una ciudad donde jamás llueve,
Es otra la lluvia que recuerdo.
El color de los atardeceres
Atardecer naranja
Con sus nubes raídas
y su sol que alumbra todas las palabras. Una gasolinera exhibe un dinosaurio (aquí hubo dinosaurios)
¿Dónde aprendí todo eso?
Descartemos las nubes, son siempre las mismas. Descartemos el sol,
Algunos dicen que vino de la India
Virgilio la llamó “aurea mala” y la dejó caer en una égloga.
Ahora estamos solos. Yo y la naranja.
ANTES DE DORMIR
ESCRITO EN LA NIEVE
EJERCICIOS PARA BORRAR LA LLUVIA
Emily Dickinson
[1]
el musgo enturbia mi boca enmudece mis labios cómoempezar esta historia había una vez un libro recuerdoapenas ese libro arrancaba sus hojas las veo perderserondar de noche tus almohadas hundirse en el enigmade qué hablas me pregunta hablo de letras y de númeroshablo de ejercicios que son tres de dónde vienen adóndevan por qué celebran la misma ceremonia el mismo olora frío la misma lluvia que creímos olvidada
[2]
es mediodía lo sé porque no hay sombra porque el solse ha detenido a contemplarnos su luz hiere mis ojosenturbia las letras de su nombre no puedo recordarsu nombre se llamaba gauss se llamaba lobachevskyde joven escribió un tratado de jardinería de viejole dijo no a euclides allí aprendimos todo es reducciónla torva mirada de la esfinge la sucia flor del algoritmola equis trazada en su piel con una caligrafía oscura
[3]
atraer el humo y no dejarse asfixiar he allí el primerejercicio ella leyó el poema con desgano noche trasnoche midiendo sus palabras sus mares sus silenciosesperé siglos su respuesta ella prefirió ser enigmame amarás en sueños dijo olvidarás mi nombre borrarásmis ojos y cuando todo sea ceniza volverá el poemasu luz ardiendo en mis noches como una bandera roja
[4]
no esperaba verla en el museo estaba sola cojeaba de un piehace tantos años le dije me dijo es verdad quería verte yotambién nos zambullimos en la alberca golpeamos el cristaldanzamos a orillas de un cielo improbable dos matrimoniosfracasados dos poemas balanceando sus pies en el vacíocómo adormece el vacío como aviva el dolor la cicatrizme pregunta qué dolor qué cicatriz
[5]
el cielo se apaga el sueño del lenguaje se desploma no haylugar para alguien como tú no entiendo qué significa alguiencomo yo estamos en casa de mi abuela la perrita cocoamordisquea los zapatos señal de que hay visitas es mi tíolo acompaña su novia desde hace tiempo la esperaba nosé cómo explicarlo yo sabía su nombre yo veía en sus ojospor qué no la saludas era un niño las palabras se hundieronen mi lengua por primera vez me obligaron a cantar

Eduardo Chirinos en una presentación
Eduardo Chirinos nació en Lima en 1960. Es autor de los libros de poesía: Cuadernos de Horacio Morell, Lima, 1981; Crónicas de un ocioso, Lima, 1983; Archivo de huellas digitales, Lima, 1985; Rituales del conocimiento y del sueño, Madrid, 1987; El libro de los encuentros, Lima, 1988; Recuerda, cuerpo... (Madrid, 1991); El equilibrista de Bayard Street, Lima, 1998; Naufragio de los días –antología poética 1978-1998-, Sevilla, 1999; Abecedario del agua, Valencia, 2000; Breve historia de la música, Premio casa de América de Poesía, Madrid, 2001; Escrito en Missoula, Valencia, 2003 y Derrota del otoño, Antología personal, Guadalajara, 2003. Como crítico literario ha publicado El techo de la ballena (1991) y bajo el sello del Fondo de Cultura Económica, La morada del silencio, 1998. También ha editado dos volúmenes de poesía peruana: Loco amor, 1991, e Infame turba, 1992-1997; la antología Elogio del refrenamiento de José Watanabe (Sevilla, 2003), y dos libros misceláneos donde conviven la prosa crítica con la crónica y el verso: Epístola a los transeúntes, Lima, 2001 y El fingidor, Lima, 2003. Actualmente reside en Missoula, Estados Unidos, donde se desempeña como profesor de Literatura Hispanoamericana y española en la Universidad de Montana.
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