sábado, 18 de diciembre de 2010

Antonio Cisneros


Marina

Un guardacaballo gigantesco se posa sobre el techo de mi casa.
Sombra contra la luz y los cangrejos calientes del cantil.
La frontera.

Más allá sólo existen la China y el Japón (suelo decir) aunque en verdad
primero están los montes de coral. Y antes todavía

una recua de islas verdinegras tan viejas y anodinas como esta misma orilla.
Finisterre.

Las lizas argentadas y las lornas remontan las corrientes del desagüe.
Y los pubis son agrios bajo el peso de las moscas zumbonas.

Banda del mar Pacífico que ninguno codicia.
Una casa rosada, sus florones de yeso y un reloj.

Aquí estoy. En el límite exacto de la tierra.
Las ratas del cantil y estas acacias abiertas por la sal.

Los cirros y los cúmulos rellenos vienen de Pacasmayo
y se detienen en el aire del sur.

Vuela el guardacaballo sobre las olas.
Se disuelve el paisaje y los navíos evitan esta costa imaginaria.

Nada resta. Ni siquiera la tristeza de habitar en una piedra pómez infinita,
pastada por ovejas moribundas bajo el último sol.




Nocturno

Vivo en una casa protegido
por mujeres pequeñas, alegres y benignas.

Fuera de eso, el aire es áspero y azul
(y malo para el asma).

Un abra entre las nubes y la tráquea
atrás del horizonte.

Inmóvil dentro y fuera del pulmón,
compacto y plano.

Las hormigas pululan a la luz de la luna
y sin destino.

Las aguas se retiran y nos privan
de todas las especies comestibles.

No tardes, Nora Elvira, amada y lenta.
Lenta mía y bucólica no tienes
ni siquiera la excusa de algún verde pasado rural.




Para hacer el amor

(Este poema lo dedica Illari.org especialmente a Jaime Almirall Suarez)

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la
muchacha
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se
achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos
amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca
de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como
un techo
y entonces
la muchacha no vera el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.




Paracas

Desde temprano
crece el agua entre la roja espada
de unas conchas
y gaviotas de quebradizos dedos
mastican el muymuy de la marea
hasta quedar hinchadas como botes
tendidos junto al sol.
Sólo trapos
y cráneos de los muertos, nos anuncian
que bajo estas arenas
sembraron en manada a nuestros padres.



En el bosque

Adónde se van las bicicletas, si no es a los suburbios de la arena mojada. Un barco ballenero perdido en la neblina. Una casona con mamparas de vidrio y un terraplén azul. Son las cosas del mar y ya no tienen la menor importancia. Al otro lado, en cambio, a cuadra y media de la panadería y a dos de la botica, se extiende una foresta interminable, repleta de tortugas y una que otra lechuza colorada. Debajo del ramaje, el aire es negro como una piel de foca. El reino de las sombras tan temido. Allá voy. Igual que un chancho viejo camino al matadero. Ancas de jabalí (cerdo peruano) y el dolor en la nuca que anticipa el tajo de la muerte. Y sin embargo, todo ese gran dolor sería lo de menos, si no fuera porque al volver los ojos al poniente, aparecen mis hijas, a lo lejos, en medio de la luz y los geranios. Entonces puedo verlas, atisbarlas, perdiéndose entre la hierba para siempre, cada vez más lejanas, tan hermosas, con sus faldas floreadas y sus limpios cabellos secándose brillantes bajo el sol.



El viaje de Alejandra

Me veo (veo a mi padre Alfonso) sentado como un sapo sesentón al borde de la cama. El mar se bambolea y arrastra entre sus tumbos los ropajes brillantes de las vírgenes locas y un lomo de ballena congelado. Algún avión retumba, en medio de la noche, como un temblor de tierra. Yo no sé qué hora es. Sólo sé que mi hija menor partió en la madrugada. Iba serena, con su mochila al hombro, y aunque acaba de cumplir los 23, parece un coatí adolescente. Cúbrela con tu manto, Madre mía. Yo te la recomiendo. Es una joven bella y de buenas costumbres. No la pierdas de vista. Aunque los aires estén endemoniados, como este cielo fiero al borde de mi cama. Es fácil distinguirla. Tiene el pelo amarillo y no es muy alta. Por lo demás, camina con suma dignidad. Ahora ya no sé cuántos inviernos pasarán para que vuelva a casa. Apachúrrala, Madre milagrosa. Que sean sus jornadas amables y propicias. Que los carabineros y guardias de frontera le sean bondadosos.

Antonio Cisneros y su hija

Antonio Alfonso Cisneros Campoy nació en Lima el 27 de diciembre de 1942 y estudió en las universidades Católica y de san Marcos entre 1960 y 1965; se doctoró en letras en 1974. Ha sido profesor universitario y periodista en el país y en el extranjero. Dirigió varias revistas y suplementos, entre ellos, El caballo rojo, 30 días y El búho. En 1978 fue becario de la Fundación Guggenheim de Nueva York. Ha dado clases de literatura en el Perú, en Inglaterra, Francia y Hungría. En 1978 y 1979 fue investigador en la Universidad de Berkeley. En 1965 ganó el Premio Nacional de Poesía del Perú "José Santos Chocano". En 1968 ganó el concurso de poesía Casa de Las Américas de Cuba y en 1980 obtuvo la Primera Mención Internacional de Poesía "Rubén Darío" de Nicaragua. Pertenece a la llamada "Generación del sesenta" de la literatura peruana. Volúmenes con su poesía han sido publicados en inglés, francés, alemán, holandés y húngaro. Además de los idiomas citados, sus poemas también han sido traducidos al griego, japonés, chino, ruso, italiano, portugués, sueco, danés, finlandés, rumano, turco y serbio. Entre sus principales obras poéticas tenemos: "Destierro" (1961) "David" (1962) "Comentarios reales de Antonio Cisneros" (Premio Nacional de Poesía)(1964) "Canto ceremonial contra un oso hormiguero" (Premio Casa de las Americas)(1968) "Agua que no has de beber" (1971) "Como higuera en una campo de golf" (1972) "El libro de Dios y de los húngaros" (1978) "Crónicas del Niño Jesús de Chilca" (Premio Rubén Darío) (1981) "Agua que no has de beber y otros cantos" (1984) "Monólogo de la casta Susana y otros poemas" (1986) "Por la noche los gatos" (1988) "Poesía, una historia de locos" (1989) "Material de lectura" (1989) "Propios como ajenos" (1989) "Drácula de Bram Stoker y otros poemas" (Premio Parra del Riego) (1991) "Las inmensas preguntas celestes" (1992). "Poesía reunida" (1996) "Un Crucero a las Islas Galápagos" (2005) Entre sus obras en prosa: "El arte de envolver pescado" (1990) "El libro del buen salvaje" (1995)

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