viernes, 13 de junio de 2008

DIA DEL PADRE


Publicamos como homenaje al día del padre este análisis del poeta Danilo Sánchez Lihón sobre la obra de Vallejo, en relación al tema del padre.

HOMENAJE EN EL DÍA DEL PADRE

ESTÁ AHORA TAN CERCA

PLAN LECTOR PLIEGOS DE LECTURA

SI HAY ALGO EN ÉL DE LEJOS SERÉ YO
El padre en la poesía de César Vallejo

Por: Danilo Sánchez Lihón
http://danilosanchezlihon.blogspot.com/


1. En nuestra cultura

César Vallejo es poeta de ámbito o dimensión universal, pero hecho o tejido con lo más esencialmente andino, familiar y humilde; tramado con lo más íntimo y entrañable de lo que somos y tenemos.
Es decir, encontró la universalidad no despojándose ni renunciando a nuestra manera de ser, ni a nuestros sentimientos ni a nuestras emociones primigenias, sino cavando aquí, engrandeciendo y asumiendo heroicamente nuestro mundo propio.
Tampoco dejándose seducir por nada que tuviera lujo, resplandor o éxito, sino dejándose guiar por lo que más conmueve, se ama y compromete: cual es el ser humano, tal cual somos, dignificado con su ser así como es: común, corriente y cotidiano.
Y dentro de ese orden se ubica el sentimiento al padre, tan intenso en nuestra cultura por los sentimientos con los cuales se le enlaza, tan básico y fundamental para protegidos con él pasar por la infinitud de los tiempos.
Porque felizmente la nuestra es una cultura en donde esos personajes son centrales, y el candor de nuestras vidas es lo primero, a tal punto que padres también son los cerros, los ríos, las lagunas y los mares. Y hasta una piedra.


2. Mi padre duerme

César Vallejo así como a su madre, dedicó poemas entrañables, a la vez huraños e inocentes a su padre, como: Los pasos lejanos y Enereida, ambos pertenecientes al libro Los heraldos negros.
Dice:


LOS PASOS LEJANOS

Mi padre duerme. Su semblante augusto

figura un apacible corazón;

está ahora tan dulce...

si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;

y no hay noticias de los hijos hoy.

Mi padre se despierta, ausculta

la huida a Egipto, el restañante adiós.

Está ahora tan cerca;

si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,

saboreando un sabor ya sin sabor.

Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,

sin noticias, sin verde, sin niñez.

Y si hay algo quebrado en esta tarde,

y que baja y que cruje,

son dos viejos caminos blancos, curvos.

Por ellos va mi corazón a pie.


3. Lo lejos y lo cerca

Lo estremecedor del poema es que trata de un tiempo presente que desapareció hace mucho tiempo: “Mi padre duerme” señala un acto del momento, porque tiene la connotación de lo repentino pero de algo muy lejano, que se evoca y añora. También de algo detenido, lento y hasta inacabable.
Une lo fugaz con lo perdurable, el instante con un referente de naturaleza permanente:


...Su semblante augusto

figura un apacible corazón;

está ahora tan dulce...

si hay algo en él de amargo, seré yo.

Como decir: velo tu sueño, estoy parado delante tuyo pero remotamente inalcanzable. Somos un imposible que se ama. Te miro desde aquí distante y esa marca en tu semblante soy yo para siempre hondo pero expulsado de ti. Ese es el drama. Soy tuyo y a la vez otro.
El poema sustancialmente es la presencia en la ausencia, lo ausente que lo tenemos presente, que es lo que más duele. Se nota dentro de mí a ti. Y yo estoy clavado en ti, como una amargura. Es esa la sustancia llorosa de que estamos hechos; de llanto y gemido.


4. El restañante adiós

Y es que cuando César Vallejo nació su padre ya tenía 52 años. Y en el padre él tuvo representado el enigma de lo que es o puede ser la vida y la muerte.
El padre es un anciano cuando el joven escribe "Los pasos lejanos" en 1918, siendo un mozo que frisa los 26 abriles, mientras su padre sentía ya el agobio de los 75 años a cuestas.
De allí que la figura paterna en su poesía es el destiempo:


“Ha de velar papá rezando y quizás pensará se me hizo tarde”.
Y en otro momento:

“En un sillón antiguo sentado está mi padre como una Dolorosa”.


De allí que toda la sensación que se tiene frente a él es un enlazar con el misterio. El padre es el punto de unión entre el hogar con bulla, con verde, con niñez, y la soledad donde se reza, de la niñez exultante y el derrumbe y la desaparición del hogar.
El padre es el nexo, el punto de unión y encuentro entre lo inocente y la partida, entre el adiós y lo que se queda, entre lo que se halla y lo que se pierde:


Mi padre se despierta, ausculta

la huida a Egipto, el restañante adiós.

5. El linaje del padre


El padre de César Vallejo, don Francisco de Paula, nació el 2 de abril de 1840 y fue hijo del sacerdote español José Rufo Vallejo y de la señora Justa Benites Rebaza.
Dos fueron los hermanos Vallejo Benites: la primogénita una mujer llamada Ygnacia Natividad Vallejo Benites, nacida el 8 de septiembre de 1837 y muerta soltera a los 49 años de edad. El otro es don Francisco de Paula, padre de César Vallejo.
El presbítero José Rufo Vallejo natural de España llegó al Perú en 1829, invitado especialmente para celebrar el casamiento del hacendado de Angasmarca don Pablo Manuel Porturas del Corral.
Se recuerda que el sacerdote era un hombre de cabellos rubios lindantes a blancos, de ojos celestes translúcidos como el cielo de la tierra en la cual terminaría de afincarse definitivamente, ojos a destacar los cuales contribuía su hábito blanco de la orden mercedaria a la cual pertenecía.
Tanto era así que se cuenta que las personas del campo se acercaban a besarle el borde de su hábito creyendo que era una aparición angélica. Además de párroco de Santiago de Chuco lo fue de las iglesias de Angasmarca, Marcabal, Huamachuco, Mollepata y Pallasca.

1 comentario:

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